
Nunca me quise deshacer de esa remera que tanto me gustaba cuando era chiquita. Era barata, de un outlet (que por suerte ya cerro) que quedaba camino a lo de mi abuela, justo al lado de la ruta 202. La usaba con una pollera-pantalon que tambien amaba, y llore y llore el dia que la regale, porque me quedaba chica. Es el dia de hoy que no me desprendo de esa remerita marron con dos florcitas, las cuales no tuve mejor idea que pintarlas en la pared. Igual quedense tranquilos, no me voy a dedicar a pintar (ya se que quedaron muy muy muy mal).
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